Ser madre conlleva mucha generosidad. Tendría un montón de cosas que añadir, pero la más representativa es esa.
Me muero de ganas de darte ese amor incondicional, con la paciencia y constancia que requieren. Pero, y es un pero muy gordo, me apabulla coartar tu libertad, o todo lo contrario, que no sientas mi respaldo, mi abrigo, mi apoyo.
No quiero que ser madre me transforme en madre únicamente. Me encantaría ser capaz de amar apasionadamente a una pareja, conseguir mantenerme estable con ella, con límites, contigo como elemento principal, pero sin olvidar mi persona, y, si fuera posible, a mi pareja.
Soy un desastre con las relaciones. No un desastre, se me dan bien, comenzarlas, pero en cuanto me disuelvo en mi propia entrega, me pierdo, y huyo para volver a encontrarme. Y se acaban.
Hasta ahí no hay mucho problema, somos adultos, los éxitos y los fracasos son parte de nuestra vida. Mientras sepamos sobrellevar la mala conciencia.
Pero entra en juego un retoño.
Mis padres se divorciaron, gracias, cuando tenía tres años. Quiero mucho a mi padre, pero no he tenido una figura paterna tradicional. No sé cómo encajar una figura paterna (u otra materna) en mi vida contigo. Hasta ahora, cuando he tenido (dos) parejas estables, a los cuatro o cinco años de relación, convivencia, cuando hemos llegado a la estabilidad económica, laboral y por supuesto sentimental, cuando llega ese momento, cortocircuito y huyo.
Obviamente ha habido más incógnitas en la ecuación, pero una de ellas es esa.
No encajo pareja y maternidad. No sé cómo encajarlas.
La solución perfecta sería ser madre soltera. La solución sentimental. Logísticamente y, por supuesto, económicamente no es factible. A duras penas llego a fin de mes sola, como para tener más gasto y encima dejarte con alguien inicialmente desconocido que cuide de ti mientras yo trabajo para pagarle.
Pero en menos de dos meses hago 36 tacos. Se me pasa el arroz. Supongo que esperaré a ver qué me deparara la vida un par de años más. Estudiaré la posibilidad de congelar mis óvulos. Pero supongo que acabaré dejando de lado esa opción.
Conseguiré ser cocinera, así cuidaré, alimentaré y daré de beber a la gente que se deje cuidar.
Todo esto por culpa del huevo hilado, que me trae recuerdos de infancia.. y así, hilando, hilando, os he soltado este rollo :)
Cruasán abierto, tostadito suavemente en la plancha, suficiente para que la cocina se colme de aroma de mantequilla. Cuando tiene colorcito, plato, jamón Ferrarini, huevo hilado y ÑAM :)
Gracias por leerme. Océanos de amor :D