viernes, 4 de octubre de 2013

Curso 3, Intermedio de cocina en Le Cordon Bleu.


O Itzi the killer.

La primera vez nunca se olvida.

Ese primer beso, con torpeza y dulzura a partes iguales.

Ese primer polvo, más o menos romántico, más o menos dulce, pero técnicamente espantoso.

Ese primer desengaño, cuando te caes de la parra con una traición, una mentira o lo más duro, cuando eres tú misma la que ha cambiado, la que pegas volantazo a todas tus creencias anteriores y tienes que asimilar tu nueva tú.

Todo eso es muy significativo, ya, pero lo que marca de verdad, lo que es un verdadera catarsis, es matar a un ser vivo.

Madreeee, lo que tengo que espabilar.

En el curso básico me tuve que enfrentar a las visceras de un pollo, de pescado, etc... Asco, náuseas y de todo.

Pero encima hoy, he tenido que matar dos bogavantes.

Sí, al final era bogavante, no langosta, que estoy en la parra. Perdonad los cuatro que me leéis (hola y gracias, lo aprecio mucho).

A ver, en realidad he matado uno y medio.
He cogido uno, vivto el maltido, bailando con pincitas y antenitas, y saltando con la cola.

En cocina, como en todo en esta vida, la gran clave es la seguridad, seguridad en una misma y en tus acciones.

Hale, pues allá voy, cojo el bicho, lo aplano contra la tabla azul y empuño el cebollero como si me fuera la vida en ello. El filo hacia afuera, bien perpendicular a la tabla, el bicho plano.

Uff, Itzi, no pienses, en realidad le vas a liberar de tanto transporte y mareito, va a ir al cielo de los bogavantes y va a tocar el arpa feliz.

Sigue moviendo las antenitas, y zasca, pega un colazo que me asusta y dejo el cuchillo (no estamos para tonterías), suelto el bicho (gran tontería) y pego un grito (súper tonteria).

Pincitas se pone a bailar el puñetero baile de san vito, y le sigo con gestitos a lo chiquito de quiero y no puedo, y dando gemiditos.

No puedoooor.

Vale, bloqueado de nuevo. Respira, no puedo. Venga Itzi, intenta disfrutJAJJA, calla coño, vamos a matarlo ya, sólo quiero que pase esto.

¿no hay ninguna puta manera de hacer esto, en serio? Venga que te va a venir bie...
Calla, coño, sujeta firme y mata. Fin. (intento transmitiros el dialogo entre Itzi angelito e Itzi diablo #holaquétalestoyloca ).

No puedo, además ya me he atascado. Me he bloqueado. No sé si llorar, vomitar y chillar y salir corriendo con el cuchillo diciendo "no me toques, no me toques".

¿Chef, la incisión, la primera, es aquí? Échame una mano, porfa, que ando bloqueada.
Chica, como si fuera papel de fumar, con mi cebollero en la derecha, el bogui (¡viva flanders!) en otra bien aplastadete, chin, ha marcado la incisión.
Alors, sigue tú.

Vaaaale, cojo a pincitas, aplano la colita (la puta cola que mueve con ganas), sujeto con firmeza el cuchillo y cuando inicio el movimiento el chef me gasta una broma con un ruidito, como si fuera el bogavante.

Juro que he tenido tendencias asesinas. Pero antes he chillado, soltado el cuchillo (menos mal que eso lo tengo bien aprendido) y cuando se ha ido riéndose me he echado a llorar. Lágrimas Candycandy, lágrimas de ¿yo? quivaaaaa, es que con los aires acondicionados se me irritan los ojos, pero lágrimas.

Por favor, que termine pronto esto, si ya lo tengo a medias.

Respiro hondo, agarro de nuevo a pincitas uno y zasca, corte limpio. Cabeza a la mitad. agarro, giro y cabeza fuera. No sabía que el coral era verde antes de cocinarse (pavaaaa), y sale de todo.Y de mil colorines a cual más asqueroso.

Fuera pinzas, las sigue moviendo el cabrón sin cabeza. Quiero lloraaaar.

Vamos a por el otro. Parece más dormido. Mentira, encuantique le planto en la tabla, baila más que un pastillero de after.

Pero bueno, ya tengo (muuuuchas) más tablas y este salió mucho mejor.

Aaaanimalico, lo que me tengo que espabilar.

El plato bastante bien, modestia aparte, pero he vuelto a mi ser, soso. O que le falta sasón (sazón) como dicen mis chefis.

En fin, esa ha sido mi primera experiencia como asesina. Porque soy muy zampona, pero estas cosas te hacen reconsiderar tu forma de vida. Me dan ganas de ser vegetariana. Joder.

Pero mañana, cuando prepare mi desayunito, o cuando haga las codornices se me pasará.
No, en serio, si cada uno matáramos a los seres vivos que quisiéramos comernos, mataríamos infinitamente menos, los cuidaríamos más, les respetaríamos. En un mundo lleno de florecitas y amor incondicional: tralralalá.

Pues eso, que soy una dexter de la cocina, pero mato con amor. Conste en acta. A ver si no tengo pesadillas.

Gracias por leer. Océanos de amor (llenos de pincitas gordonchas y felices).