domingo, 19 de enero de 2014

Recién llegada a la ciudad.

Apenas sabía nada de ella. La eligí tirando un lacasito sobre un mapa.
El camino desde el aeropuerto es algo deprimente. 
Pero según voy acercándome al hotelito se ven arboladas avenidas y amplias viviendas. 
El hotel es un enorme chalet adosado con 6 habitaciones, un amplio comedor con 6 cómodas mesas, una barra y una chimenea flanqueada por tentadores sofás. 
La entrada consta de un mostrador con un precioso ramo de flores que cambian con frecuencia, un bote de cristal con caramelitos y un timbre. 
Llamo al timbre y aparece una atractiva mujer. Es tan vital y enérgica que aparenta treinta y largos, pero algo en su mirada me dice que ha vivido al menos diez años más. 

- Hola, me llamo Magda y vivo en la habitación 1. Cuando necesites algo timbre, y sí ves que no aparezco, llama a mi puerta con confianza. 

Me siento como en familia.
Muero de curiosidad por ver la habita, la ciudad, bueno, mi nueva vida. 
Tengo un contrato en prácticas apalabrado. Puede que no salga. He quedado mañana a las diez con uno de ellos. A ver...

La habitación es preciosa. Hace esquina, hay un enorme ventanal en esa esquina y hasta el baño tiene ventana. Todo perfectamente cuidado y con agradables detalles, como una mantita en un sillón de orejas. (foto de fb, imaginaos un sillón de orejas verde ¿vale?)



Me apasionan los sillones de orejas. Creo que pasaré bastante tiempo en esa esquina, con esa luz, en ese sofá. Y encima es de terciopelo verde esmeralda 

Deshago la maleta, me doy una ducha, me tomo mi tiempo, exfolio, froto, disfruto de cada gotita.  Salgo, me unto en cremas y mimos y duermo como un bebé. 

Amanezco a las 6 sin sueño, con algo de nervios y encantada con que haya luz a estas horas. 

Ducha rápida, colorete, rimmel, domo mi pelo y bajo. 

Me tomo un enorme y caliente café delante de la chimenea. 

Se acerca Magda y nos tiramos hora y pico contándonos nuestras vidas. Me encandila. Creo que es mutuo. 

He quedado a las diez. Llego a las nueve y cuarto, llevo bragas de puntitos y calcetines de rayitas. Todo ira bien.  

El local es pequeño, cuatro mesas dentro y un patio no demasiado pequeño, con mucho verde y otras cuatro mesas. Hay más luz aquí, me quedo fuera.

Pido otro café y unos huevos revueltos con cebolla y bacon. Me sugiere zumo de una fruta desconocida. Acepto encantada. 

La cebolla está en su punto, tiene consistencia todavía pero no está cruda, el bacon crujiente y el huevo cocinado lo justo para que no tenga moco. Ni si quiera le echo parmesano que me sirven en un cuenquito muy cuki. 

Leo un periódico local y doy cuenta de el desayuno mientras sé que voy a pasar mucho tiempo aquí. Y muy a gusto. 

Le veo entrar al local, paso seguro, traje impecable. Atraviesa el local y aparece en el patio, sonrisa profident. 

A ver qué se cuenta. 

#historiasinventadas #conversacionesconmimicroondas