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Cinco días en Roma. Día dos o cambio de planes.

Aunque no lo parezca, de viaje tiendo a ser algo cuadriculada; me levanto tranquila pero rápido, ducha, desayuno tirando a rapidito y a la calle. Si es Roma, patear, patear y patear non stop.

Pues bien, ayer sonó el despertador a las 8, que parece algo tarde, nah, pero nos movilizamos y listo, que el día es muy largo.

Salimos casi a las 12, paseando llegamos a Palazzo Margherita.




Decidimos tomar un café en la seductora terracita del Westin Excelsior.  Se nos antojó una pizza cuatro quesos. El café, delicioso; la pizza, deliciosa pero de masa esponjosa, me gustan finas y crujientes.


Después de eso, seguimos en nuestro periplo hacia Vaticano. Subiendo hacia Piazza del popolo.







Paradita en Trinità del monti. Al final de la escalinata de Piazza de Spagna. Agustez supina.

Subimos a Vía Medici y el parquecito de detrás. Nunca había estado. Me encantó. Lo recorrimos entero, fotos varias en el mirador y bajada a Piazza del popolo.


Tengo gafas de sol nuevaaas. 
Mirad qué tiempazo :)


De ahí bajamos por vía ripetta hasta el mausoleo de Augusto, el Ara Pacis y nos comimos un par de helados con café latte en Giolitti. Terracita, charla y gustirrinín :)


Agotaditas bajamos al centro, mi Piazza Navona, que cada vez me agobia más, Pantheon y mi amadísimo Campo dei fiori. Al final cenamos en Primocafe a pesar de que no había happy hour, alcachofa a la romana y pizza con mozzarella ahumada y alcachofitas. Rica, pero de las esponjosas. No sé qué coño hago sin ir a Baffeto todavía.

De ahí, paseito al hostal. Santa María la mayor (hoy la veremos de día). Caímos como troncos. Sin San Pietro pero con un montón de sitios vistos.

Océanos de amor ❤️



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