lunes, 26 de enero de 2015

De vuelta de nuevo.


¡Hola!

Que sí, que tengo un blog y no sé cómo usarlo, pero haré todo lo posible por darle un poco más de vidilla.

En este año mi vida ha sufrido un cambio de 360 grados con varias piruetitas, y todavía sigo aquí, haciendo equilibrios.

Uno de los cambios, vivo en Madrid, en el centro; bueno, por San Bernardo/Conde Duque. Zona de moda donde pagas el triple por un café pero por buena materia prima, muchas ganas y buenos productores en otros casos.

Me paso el día diciendo "ah, eso está al lao", porque para mí Madrid es un todo y puedes cruzarlo a pie.

Las rozas es coche, coche o transporte público.

En fin, os dejo una foto de la entrada de mi casa:



Cables, ya, los odio.

La cartera de má. Pepa "no me llaméis por el oficio"; bueno, después de algunos años ya se ha dejado domesticar y se deja llamar má y hasta masmas. Me la dio (ja, se la robé vilmente con triquiñuelas sensibloides y manipuladoras; alcohol, familia, bolso nuevo) hace un tiempo, y me chifla.
Tiene ya varios años, me metía ahí de chiquitina. Los de csi se volvería locos de tanta baba.

Vela, Madrid, queridos, es maravilloso, pero huele a orín y a humedo. Mi edificio no es para menos, y los porros de mi vecina, la drogas, tampoco; así que velita de vainilla. No es demasiado empalagosa.

Telefonillo, no sirve pa ná más que darle al botoncito con ritmo acompasado y listo. No te oyen ni oyes. Aquí, viviendo al límite.

Especias. Los olores son la personalidad de la gente, de las casas. Para mí es algo básico e imprescindible. En la cocina, entre otros actores secundarios, son las especias. Por muy enana que sea.

Y ya tengo especias, ya es hogar.

Sí, sigo muy cursi, pero cada día más orgullosa de ello.

En fin, que no tengo término medio.

Seguiré en contacto.

Océanos de amor :)