viernes, 13 de marzo de 2015

Por fin pruebo @latadesardinas

Hola,

Estoy en casa, suena La Roux - I´m not your toy.

Rayo, mi gatete nuevo está hecho una albondiguilla pegado al radiador, que anda al mínimo, porque en Madrid ya es casi primavera. Serán las ganas de terraceo y picnic que tengo.

Sí, tengo gato, iba a dedicarle un post, blablabla, menos rollos. Pasemos página y no more lonely nights :)
Podéis saber más en su fan page ;)

Al tema, me ha entrado hambrecita, y he recordado la maravillosa cena de ayer en La lata de sardinas.

Había leído mucho de ellos, sobre todo en instagram (@lalatadesardinas ), pero también tienen tuiter y Fan page en Facebook. (C/ Limón 12, 28015 Madrid. Reservas 910255737) y me moría de ganas de ir.

Al tema, el local es pequeño pero no da sensación de agobiante, decoración sencilla y chulona. Por sacarle una peguilla, es de estos sitios de iluminación íntima e indirecta, no ves casi lo que comes. Encima tienen velitas, romantiquísimas, pero me ciegan y me hacen ver chiribitas en la oscuridad.

¿O sería la deliciosidad de la comida? 


Te recibe Alex, se autodenomina cocinero de barrio, es un crack que te cautiva desde el minuto uno con su pasión contagiosa por la comida.  

Primero te sugiere las croquetas de calçots con su salsita romescu. Muy ricas, rebozado crujiente, masa amorosona y sabrosa. La salsa de gemidito continuo.


Continua con el tartar pez mantequilla. Soy partidaria de un corte más sutil y ando algo saturada de la pareja pez mantequilla - trufa; me pirra la trufa, pero hay más combinaciones. 
Aún así, funde en boca y está cojonudísimo.


Raviolis de rabo de toro. No son raviolis de pasta, es el rabo, cocinado en modo abuela de siempre, guisote al chupchup, deshuesado y esmigado envuelto en panceta. Según te lo metes en la boca te retumba en la cabeza la frase de madre de que no puede sobrar nada. Y no hay que hacer grandes esfuerzos para ello ¿eh? Encima va acompañado con un puré de patatas ex-qui-si-to. Y unas cebollinas de no sé qué (ya os lo contará él) que son de lagrimón.


El pulpo es algo que venía recomendado en Foursquare, pero siempre me da como pereza pedirlo. Es lo bueno de salir a cenar con más gente, que pides cosas que si vas sola, ni se te ocurren.

Pues #jatetú que es de las cosas que más gratamente me sorprendió. Primero la textura del pulpo, suave pero no pasado de cocción; el sabor a lima engancha (soy la loca de los cítricos) y combina de maravilla con la ¿crema de patata morada? (ni idea de lo que era, ya estaba orgasmando).


Terminamos con los postres. Tarta de queso idiazabal con compota de manzana y crujiente de chocolate blanco. De tirarse al suelo y hacer la albóndiga diciendo lililililili. Un tándem exquisito, la contundencia del idiazabal y la suavidad de la compota. Y ese chocolate blanco tostado :)____


Y como colofón, su versión de la pantera rosa, uno de los pastelitos industriales de la infancia de muchos.
Te lleva directamente a la calle, arañazos en las rodillas, canicas y patines de cuatro ruedas.
Pero de calidad, increíble vainilla, la mousse de fresa... hmm. No me gustó el crijientito de adorno. Por incordiar :P



El precio medio ronda los 15-20€/pax Vete y me lo cuentas, anda.

Gracias por leer, 

Océanos de amor :)