viernes, 2 de diciembre de 2016

Mi versión de #carbonara para Bea.

Ay, que se me ha vuelto a ir de las manos lo del blog. Que tengo mil cosas y sitios pendientes que enseñaros y contaros.

Que hoy Bea me ha pedido dulcemente pero por tercera vez, la receta de spaguetti no carbonara que subí el otro día.

Y como es una mamarrachá que se hace en un periquetín, os lo cuento y así mato dos pájaros de un tiro, cumplo con mi amigui y actualizo el p blog.



Yo suelo poner bastante pasta por persona. Como lo mido a ojo, un paquete, que suele ser de medio kilo, lo uso para tres/cuatro personas sin mucho más acólito.

La pasta necesita espacio, agua donde nadar a sus anchas. Agua salada hirviendo. Dicen que para pasta dura la proporción correcta es un litro de agua por cada 100 grs de pasta. También lo hago a ojo. Que tenga espacio para hervir a borbotones y amplitud.
Si la pasta es buena, se pega mucho menos, pero aún así, sale mejor como os digo.

Hacedme caso, leches :P

Mientras se calienta el agua, corto bacon en cachitos. Y lo salteo en una sartén, con fuego bravo, que coja colorcito y textura. ¡Y cómo huele!

La cabonara original se hace con pancetta (la barriguita del cerdo) o guaciale (la careta/papada), ambas carnes curadas y mucho más aromáticas que las que solemos encontrar en españa. Cuando la pruebas, te sabe mucho mas a cerdo, a especias. Te envuelve el paladar de sensaciones.

Me he puesto súper cursi, pero es cierto. En mi caso me gusta probarla de ver en cuando pero es demasiado potente para mí (soy poco consumidora de carnes); por eso me gusta esta versión.

Bacon tostadito, escurrido de aceite en papel absorvente. Reservamos.

Bato un huevo o dos por persona (depende del tamaño) y otro para el plato. Si lo haces sólo con yema el sabor también es más potente. Y el plato más caro.
Mezclo el huevo con queso, preferiblemente parmesano rallado y bastante pimienta negra recién molida.

Cuezo la pasta el tiempo justo que indica el envase, a veces incluso menos. Me gusta bastante al dente, casi a la muela.

Escurro vagamente y devuelvo a la cazuela, ya con el fuego apagado. Añado el bacon.

Vamos a emulsionar la pasta con la mezcla de huevo y queso. No debe cuajar, Vas removiendo con mimo y amor y la pasta va chupando sabores y texturas.

El olor es orgasmante. Comprueba sazón, siempre hay que probar los platos antes de servirlos. Y listo.

Hay mucha gente que le añade nata. Personalmente lo considero un sacrilegio. Y a eso sí que no lo llamo carbonara. Tampoco cuando añado ajo, o semillas de cilantro fresco o lo que sea.

Pero gustos, colores. Todos acabaremos en el infierno, muahahaha.

Gracias por leer :)

¡Océanos de amooooor!