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DE FAT A FIT - CÓMO EL ENTRENAMIENTO FUNCIONAL CAMBIÓ MI VIDA

Aquí Itzi, 

Muchos me conocéis de antes, a todos, hola y os cuento los cambios acontecidos en estos dos años que he tenido abandonado el blog.


Hace un par de años era una verdadera croqueta. Llegué a pesar 126 kilos y no encontraba ningún deporte y lamentablemente ningún profesional que me convenciera.

Hasta que conocí el entrenamiento funcional. Me pareció dinámico, divertido y adaptable a cualquier tamaño, edad y necesidad.

Entre en un gimnasio boutique, pequeño, profesional pero acogedor. 

Acogedor en el sentido literal de la palabra, porque vieron más allá de mi peso, escucharon mis necesidades y me llevaron con paciencia y empatía hacía mis metas.

Mi primera meta fue poder caminar sin dolor. Tengo un síndrome degenerativo en el pie derecho y, varios médicos (más de 16), supuestos profesionales, no me daban ninguna solución a corto plazo. 

Que adelgazara. Pero cada vez que adelgazaba, mis metatarsos se quebraban. Y así 5 veces.

Cuando llegué a este gimnasio boutique, podéis entender mi desesperación. 

Mi meta era generar músculo sin variar de peso (122k), para que mis pies no soportaran tanta carga solos, y una vez fortalecido, ya ver métodos de seguir adelgazando bien.

Con adelgazar bien me refiero a siendo fit, cuidando más el músculo que la cifra que dice la báscula. E ir bajando tanto la grasa visceral como el tanto por ciento de grasa corporal.

Y así lo hicimos. 

46 kilos en 9 meses. Es lo más duro que he hecho en mi vida. Tesón, paciencia y constancia, a pesar de los cambios físicos y mentales, la noria de sentimientos, las reacciones variopintas de los que me rodeaban.

Primero dieta proteica sin mucho recorte calórico. Entrenamiento personal 2 veces por semana. 

En tres semanas, ya pude moverme sin dolor. Había engordado 900g.

Entonces comenzamos 3-4 veces por semana de entrenamiento funcional, musculación y algo de cardio, todo sin impactos.

Y una señora dieta hipocalórica que hacía llorar a los pajaritos. jaja,

No, realmente fue algo voluntario. Me dio unas pautas básicas, cuidar la ingesta de proteínas, y el qué, cuándo y cómo.

Y fui yo quien me piqué conmigo misma. No hice cheatmeal en esos meses, y comí para cuidar mi organismo, pero no como experiencia placentera. No tuve apenas quedadas ni salidas con amigos alrededor de la comida.

Decir que no a todo es fácil. El reto fue dejar esa dieta extrema (ojo, siempre controlada con análisis de todo tipo) y hacer una vida más normal. Vivir y no controlar tanto.

Con el efecto rebote subí 10k y llevo un año perdiendo grasa y ganando músculo.

Estoy cerca de los 80k y me queda mucho por construir todavía. Pero lo peor ya ha pasado. Ahora es seguir, vivir; controlar sin obsesionarme.

El caso es que he visto que soy el perfecto puente entre el mundo fit y el mundo no tan fit. Sea cual sea la razón. Sobrepeso, falta de empatía por parte de profesionales del gremio, perdida de motivación, lesiones, etc..

Quiero aportar a este mundo, también quiero ayudar.

Con técnica, empatía, motivación y creatividad.

Y por eso me estoy formando para ser entrenadora personal, creo que hay muchos profesionales pero también mucho prejuicio con el tamaño de las personas. 

Tengo ganas, motivación, creatividad y, ahora, conocimientos y formación.

Acabo de crear una cuenta de instagram donde contaré el proceso, cambios, ejercicios e incluso recetas fuera del pollo plancharroz y la maldita avena, jaja.

Os dejos foto del antes y del después.

Más en instagram, en @entrenamientomiotraella ¡seguidme y así nos conocemos!.


Gracias por leer, océanos de amor :)










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